Doblaje e interpretación

“Jean Renoir declaró hace años que en la Edad Media los actores de doblaje habrían sido quemados en la plaza pública por brujería, por dar a unos cuerpos una voz que no les pertenece.”
(ROMÁN GUBERN)

Con sólo tres años, mi padre me llevaba al cine González de Rojales y me susurraba mientras nuestros ojos permanecían fijos en la pantalla: “El que dobla a Bogart es el mismo que puso la voz a Cooper en tal película”: aquello me iba fascinando y se completó hasta que vi Cantando bajo la lluvia, la película de mi niñez, que hizo que comprendiera los entresijos del doblaje. En 1998 Salvador Arias me ayudó a descubrir que el saber interpretar cada palabra expresada es el arte que se consigue sólo con una cosa: la voz, y ésta hay que trabajarla con mucho mimo. El actor de la voz prescinde de gestos, de físico…, de todo, e incluso de los otros sentidos: sólo con esa arma, la única disponible, encenderá el fuego de las emociones en cada espectador…
  Pienso que si volviera a nacer me formaría para ser un actor de doblaje, pese a que, como dice Jean Renoir, “me quemaran en la plaza pública por brujería”, porque es la profesión más anónima y humilde de todas: los nombres de tantos y tantos artistas, que se forjaron sobre todo en Radio Madrid y en Radio Barcelona, jamás aparecieron ni aparecerán en los carteles ni en los títulos de crédito de tantos films maravillosos que vi en mi niñez y que me forjaron en los valores humanos a través de toda mi vida.

noria

“El doblaje siempre tendrá sus defensores y sus detractores, pero nadie niega que se ha convertido para la opinión pública en un mundo misterioso, anónimo y mágico. Por mucho que intentemos estudiar el mundo del doblaje, nunca lograremos despejar las incógnitas de su historia marcada por el anonimato, desconocida, incluso, por sus propios profesionales.”
(ALEJANDRO ÁVILA)

 

- La lectura interpretada